Condenada navidad
Eran las 6 de la tarde de aquel 27 de diciembre cuando el ruido del fuerte viento que soplaba afuera logró que me despertara después de una larga noche. Río Gallegos se vuelve bastante monótono después de pasar unos días en la ciudad, pero por suerte esa monotonía se rompería esta noche, ya que La Condena de Caín por primera vez nos traía todo su rock a este lado del sur.
Ni bien acomode un poco las ideas empecé a comunicarme con el ambiente para organizar la previa del show, en principio la idea era ir a lo del tío Lesca, pero luego terminé haciendo la previa en lo de Juanchi, ya que nos quedaba más cerca de el Teatro Municipal, donde se presentaba La Condena. Antes de eso había pasado “el vago” por casa, para dar un vueltin y tomar una birrusqui, a lo que obviamente no podía negarme, así que pasamos por el teatro a ver que onda, mientras probaban sonido los pibes de Kone Quillango que fueron quienes iniciaron la velada. Sorpresivamente al levantarme y bajar a la cocina, me encontré con una imagen totalmente inédita, mi hermanita Mariné estaba cocinando, así que esa previa estuvo acompañada de unos ricos chipás.
Bueno, los muchachos que compartimos esta nueva tarde rockera fuimos Juanchi, Nico, Beto, Gerson (alias “yersen”), Bocha, el Vago, Juanma, el Mono y la cachusa que nunca falta: Pierina.
Cuando se acercaba la hora del recital encaramos al kiosco de la esquina, recargamos el combustible y nos fuimos para la puerta del Teatro. Ahí nos encontramos con el tío Lesca y compañía, que venían de una previa bastante careta. El ultimo trago de una deliciosa y fría cerveza me invitó a ingresar al lugar, que a esa altura se encontraba con un buen número de público, algunos ansiosos, otros expectantes, y otros desorientados, sin saber muy bien con qué se iban a encontrar. Pero cuando la banda salió a escena con “Los Poros” todas esas dudas quedaron disipadas, era rock, rock del bueno.
Lamentablemente al haber butacas el público presente se mantuvo sentado durante todo el recital, nosotros nos ubicamos en los pasillos del costado tratando de simular el agite que normalmente se ve en un show de La Condena, pero éramos la minoría.
Como era de esperarse, el repertorio estuvo basado en los temas de “Nuestra negligencia resulta sospechosa”, el gran primer y único (hasta ahora) disco condenado. “Mary” y “Lucifer del Paraíso” siguieron el inicio de esta gran noche.
Como siempre “Señora esquina” fue un gran momento, donde el público comenzó a levantar un poco.
No puedo dejar de mencionar que el Sawa (voz) se comió el escenario. Ante un público que escuchaba atentamente, pero no se despegaba de sus butacas, el cantante sin ningún tipo de inhibición no paró de arengar. Incluso si alguno lo viera moverse en escena, diría que está estudiando baile con Reina Reech (?).
“Réquiem” oscureció aún más la noche rió galleguense, mientras yo me trasladaba para el pasillo del lado derecho, donde estaba Lescano, pero no había demasiado agite, así que decidí volver con los pibes al otro lado.
Lamentablemente mientras la banda interpretaba una bellísima canción llamada “Espinas en el alma”, tuvieron que parar por un problemita con el equipo de viola, pero luego reanudaron para enganchar el tema con “Debede”, cover de una de las mejores bandas que ha dado el rock argentino: Sumo.
El rock and roll volvió de la mano de “Bety sory fashion”, que fue seguida por la oscuridad de un blues llamado “Inconciente en penumbras”.
“Fábula de la quimera” hizo notar claramente que el agite estaba en el sector izquierdo del Teatro, mientras del otro lado Lescano agitaba poco y nada. De nuestro lado Juanma era el más sacado, incluso en un momento se le escaparon unas lágrimas cuando el cantante se acercó a nuestro lado. Otro cover para levantar un poco fue “Semen up”, con una versión un poco más funkeada, directamente desde Oktubre. Antes habían sonado “Rutina” y “Café negro”.
“Amor lapsus” no solo sonó en el recital, sino también en “El 38” el único bar rockero que queda en esta bendita ciudad.
Luego de “Freak show” hubo un amague de despedida, pero el verdadero final llegó con “Piquiyin” y “Niña de ojos negros”, donde Beto demostró todo su lado femenino.
Y de ésta manera terminó un año que no se si fue bueno o malo, pero si se que fue muy rockero, y gran parte de eso se lo debo a La Condena de Caín, que nos hizo pasar muchas noches buenas durante este año, plagadas de birra, rock y amigos.
Bueno amigos, no queda mucho que decir, simplemente agradecerle y dedicarle esta crónica a los señores Gustavo “el negro” Cabrera y Fernando “el gordo” Cantín (quien estuvo observando atentamente el recital detrás del escenario), que fueron los principales responsables de que La Condena de Caín pise por primera (y esperemos que no, última) vez suelo santacruceño.
Por último, un deseo de fin de año: Ojala que en éste 2009 podamos seguir rockeandola como lo hicimos durante el año que pasó. Salud y larga vida a la condena.
Dr. Birrusqui. Siempre firme junto al rock.